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Chile había ocupado militarmente, en febrero de 1879, Antofagasta, para impedir el remate decretado por Bolivia de las salitreras confiscadas a la Compañía chilena de salitre de Antofagasta, vulnerando los tratados celebrados por Chile en 1866 y 1874. Hilaron Daza, presidente boliviano, con apoyo peruano, declaro la guerra a Chile. Perú fingió mediar amistosamente, pero Chile, en conocimiento de un tratado secreto, ofensivo de Perú y Bolivia, declaro la guerra a ambos el 5 de abril de 1879. Comenzó así la Guerra del Pacifico.

Este episodio ha sido relatado por muchos historiadores y periodistas existe una versión oficial acerca del Glorioso Combate Naval de Iquique, reproduciremos a continuación un pacto oficial por el segundo comandante de la “Esmeralda”, tratándose de un documento oficial.

Iquique, mayo 29 de 1879

Tengo el honor en poner en conocimiento de Ud., que el 21 del presente, después de un sangriento combate de cuatro horas con en el monitor Huáscar, la “Esmeralda” fue a pique al tercer ataque de espolón del enemigo.

El honor de la bandera ha quedado a salvo, pero desgraciadamente tenemos que lamentar la perdida de tres de sus mas valientes defensores: el capitán Prat, el teniente Serrano y el guardiamarina Riquelme.

Como a las siete horas A.M. día indicado se divisaron humos al norte, inmediatamente se puso el buque en son de combate. A las 8 horas se reconoció al “Huáscar” y poco después a la fragata “Independencia”.

Se hicieron señales a la “Covadonga” y el Capitán Prat le ordeno tomar poco de fondo e interponerse entre la población y los fuegos del enemigo. Al moverlos para tomar la misma situación, se le rompieron los calderos y el buque quedo con un andar de 2 a 3 millas. A las 8.30 horas la acción se hizo general. La “Covadonga” se batía con la fragata “Independencia” haciéndolo al mismo tiempo, rumbo al Sur, y la “Esmeralda” contestaba los fuegos del “Huáscar” y se colocaba frente a la población a distancia de 200 metros de la playa.

Desde esta posición enfrentamos al enemigo. Nuestros tiros , que al principio eran inciertos fueron mejorando y varias granadas reventaron en la torre y casco del “Huáscar”, sin causarle el mas leve daño. Los tiros de este ultimo pasaban en su mayor parte por alto y varios fueron a herir la población.

Nuestra posición era pues ventajosa; pero como se nos hiciese fuego desde tierra, con cañones de campaña, matándonos tres individuos e hiriendo a otros tantos, el Capitán Prat se vio obligado a ponerse fuera de alcance. En esto, 10 horas A.M. una granada del “Huáscar” penetro por el costado de babor y fue a romperse a estribor, cerca de la línea de agua, produciendo un pequeño incendio que fue sofocado a tiempo por el jefe del pasaje de granadas.

Mientras tanto el “Huáscar” se había acercado como a 600 metros y a esta distancia continuo la acción cerca de una hora sin recibir otra avería que la que dejo indicada.

Viendo el “Huáscar” el poco efecto de sus tiros, puso a proa a la “Esmeralda”. Nuestro poco andar impidió al Capitán Prat evitar el ataque del enemigo; su espolón vino a herir el costado de babor frente al Palo mesana y los cañones de su torre, disparados a toca papañoles antes y después del choque hicieron terribles estragos en la marinería. El Capitán Prat, que se encontraba sobre la toldilla desde el principio del combate, salto a proa del “Huáscar”, dando al mismo tiempo, la voz de  ¡Al abordaje!.

Desgraciadamente el estruendo producido por toda la batería al hacer fuego sobre el “Huáscar”, impidió oír la voz de nuestro valiente comandante y de los que se encontraban en la toldilla con él, solo el sargento Aldea pudo seguir; tal fue la ligereza con que se retiro la proa del “Huáscar de nuestro costado.

El que suscribe se encontraba en el castillo de proa y desde ahí tuve el sentimiento de ver al bravo, Capitán Prat caer herido de muerte al pie mismo de la torre del “Huáscar”. Inmediatamente fui a la toldilla y tomé el mando del buque. Mientras tanto nos batimos casi a boca de jarro, sin que nuestros proyectiles hiciesen el menor efecto. En cambio, las granadas de este último hacían terribles estragos; la cubierta y el entrepuente se hallaban sembrados de cadáveres.

Volvió el “Huáscar” a embestirnos con su espolón directamente al centro del buque. Goberné para evitar el choque, pero la “Esmeralda” andaba tan poco que no fue posible evitarlo y recibió el segundo espolonazo por la amura de estribor. Esta vez el teniente Serrano que se encontraba en el castillo, salto a la proa del “Huáscar”, seguido como de 12 individuos.

En la cubierta de este último no se veía un enemigo con quien combatir, pero de la torre y parapetos de popa salía un mortífero fuego de fusilería y ametralladora. El valeroso teniente Serrano y casi todos los que siguieron, sucumbieron a los pocos pasos.

La ligereza con que se retiraba de nuestro costado la proa del “Huáscar” y el poco andar de la “Esmeralda” para colocarse a su costado, único modo como habría podido pasar todo el mundo a la cubierta del enemigo, hacían imposible todo abordaje.

Por este tiempo, toda nuestra tripulación había disminuido enormemente. Teníamos mas de cien individuos fuera de combate; la Santa Bárbara inundada y la maquina había dejado de funcionar. Los pocos cartuchos que quedaban sobre cubierta sirvieron para hacer la última descarga al recibir el tercer ataque del espolón del enemigo.

El guardiamarina señor don Ernesto Riquelme disparó el último tiro; no se le vio mas y se supone que fue muerto por una de las granadas del “Huáscar”

Pocos momentos después del tercer espolonazo se hundió la “Esmeralda “con todos sus tripulantes y con su pabellón izado al pico de mesana, cumpliendo así los deseos de nuestro malogrado comandante, quien al principiar la acción dijo “Muchachos; la contienda es desigual, nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo; espero, pues, no sea esta la ocasión de hacerlo. Mientras yo esté vivo, esa bandera flameara en su lugar y os aseguro que si muero mis oficiales sabrán cumplir con su deber”

Los botes del “Huáscar recogieron los sobrevivientes y en la tarde del mismo día fuimos desembarcados en Iquique en calidad de prisioneros.

Acompaño a US, una relación de la oficialidad que han salvado y que se hallan preso en este puerto

Dios guarde a US. 

Luis Uribe

Durante cinco meses, el Huáscar esquivo un encuentro con la flota chilena. Finalmente, el 8 de octubre de 1879, el Cochrane y el Blanco, sorprendieron al monitor peruano en Punta de Angamos, frente a Mejillones, donde lo obligaron a rendirse. En la actualidad se encuentra en el puerto de Talcahuano como museo marítimo.

(Recopilación en diarios La Patria 1952, El Sur 1984 e imágenes revista Zig Zag 1905. Biblioteca Central UdeC.)

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