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Siempre se está preguntando…¿cuál será la clave para mejorar la famosa “Calidad de la Educación”, o…

Por qué cuanto más avanzamos en los tiempos, menos respetas a tus semejantes, menos sapiencia, mas ignorancia y… ni hablar de cómo hacer tal o cual cosa, cual es el origen del tarro de arveja por ejemplo, las ven enlatadas y creen que eso es todo… si los picarones se cortan del zapallo, si éste nace del árbol… que el pan es pan… que el pollo es un trozo y… cual es el comienzo?… no lo saben y no les importa. Las grandes ciudades, presentan tanta actividad, que el tiempo se hace mínimo, las distancias a recorrer son enormes, los hijos ni se relacionan con sus papás, si sales de compras, tienes que tomar locomoción, gastas un tiempo precioso y ni hablar del dinero. Se te va el día en distancias, atolladeros tacos, diversos obstáculos. Al revés de los pueblos pequeños, en que las distancias las puedes transitar como se te plazca, en bicicleta, en monociclo, vehículos, skate o simplemente caminando… no hay atolladeros, gastas menos en tiempo y dinero. Parece ser que en la ciudad, aun cuando tienes todo a tu disposición… finalmente no tienes nada. A esto le hace mucho sentido la historia del Padre que invita a su hijo a conocer la “pobreza” de quien vive en el campo y le dice: …“ Vamos hijo, a pasar unos días con una familia campesina, para que conozcas como viven. Pasa el tiempo, el padre orgulloso de lo que había hecho le pregunta… y… ¿Que te pareció hijo, la experiencia?… ¡Buena…! -contesta éste- me di cuenta que nosotros tenemos un perro, ellos tienen cuatro, que nosotros tenemos una piscina con agua estancada, ellos tienen un río sin fin de aguas puras y cristalinas donde los peces nadan libres, que tenemos un muro de protección y alarmas, ellos tienen las puertas abiertas y la protección de los vecinos, que nuestro patio llega hasta la cerca, a ellos, hasta el horizonte, que nosotros nos alumbramos con lámparas, mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la luna… finalmente dice:… “Gracias Padre por enseñarme lo Pobre que somos”. Por supuesto que su padre quedó impactado por la profundidad de su hijo El mensaje es claro, nos indica lo triste que puede ser la vida en las grandes ciudades, y las personas…verdaderos androides, insensibles y distantes. A veces me pregunto hacia donde van?… que buscan?… cuál es su meta?, … tal vez ni la tienen, lo único importante parece ser la fama a costa de chismorreos y sinsabores…. es cosa de pararse frente al televisor de los canales chilenos y tienen la respuesta. Los supuestos “pobrecitos”, son felices lejos de esos actos faltos de médula. El pueblo o ciudad pequeña, muchas veces relegada, es la mejor opción para recorrerla con los pies pegados a la madre tierra. Nadie te pone los nervios de punta, haciéndote enfurecer y emitir sonidos rudos capaces de enardecer al más tranquilo de los conductores, desconociéndose a si mismos. La ciudad, te priva de decisión y libertad. Esa libertad que está en el viento, en el punto a la distancia, en la atmósfera celeste profunda o en el color que quieras, donde no hay barreras obstaculizando tu mirada. A la gran ciudad por el contrario, la tienen inundada de espesa contaminación, empapada de todo tipo de elementos dañinos, estridencia, choques por espacio e imprudencias y demás. Esa es nuestra relación riqueza/pobreza, vivimos en la libertad del espacio soñado por muchos, tienes el privilegio de tener un patio en el que cabría una torre con 50 y más pisos, o un campo en el que cabrían varios condominios, esos son nuestras pobrezas a la que se refieren los habitantes de las metrópolis. Finalmente… creo concluir que la magia para una “buena educación y su calidad” tan balbuceada, están en el poder del amor del padre y la madre hacia sus hijos… esa es toda la ciencia y no hay más que darle vueltas al asunto. Bien criados, enseñados moral y honestamente, es el mejor legado que puedes dar a tus hijos, dotados de amor buscarán saciarse de conocimientos a fin de devolver naturalmente el amor entregado por sus padres y continuaran las mismas enseñanzas, porque todo parte, desde los inicios de nuestras vidas.

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